Azote Valparaíso - Horcón - Valparaíso



 Ayer, viernes 16 de Agosto, del presente 2019, con el afán de recuperar tiempo de no haber entrenado, me esmeré en recorrer más kilómetros de los que realizo en lo común de mis salidas. La idea era ir desde Valparaíso hasta Caleta Horcón, quedarme allá un par de horas, y volver. A la mitad del itinerario, llegué a Horcón más cansado de lo que esperaba, y en esta pequeña rodada no necesitaba bajar a La Caleta, para mi fortuna, así que me dispuse a llegar a destino lo más rápido posible pues ya tenía hambre, luego me di una buena ducha de agua helada, me preparé algo de comer, regué las plantas de la casa que me encargaron, y me preparé a retornar al puerto principal.

El viaje de ida lo hice por la costa, desde Valparaíso hasta la rotonda de Concón, así mismo desde aquel punto hasta la entrada de Ventanas, y cuando llegué al cruce de Ventanas decidí continuar por la vía que va a dar hasta Maitencillo hacia el norte. En ese intertanto del camino La Greda, me encontré con mucha gente queriendo cruzar la calle, teniendo una pasarela a escasos metros, otros pasaban caminando, incluso, por abajo de ella. Y cabe mencionar que el flujo vehicular no era escaso, ya que por dicho camino transitan muchos camiones, taxis desde y hacia el centro de Puchuncaví y gran cantidad de autos particulares que viajan hacia Papudo y Maitencillo, así como otros de los que no se puede estipular de manera efectiva su rumbo, desde ese punto del camino. Y bueno, como les contaba, en el viaje de ida, ya iba pensando en el alto grado de basura que bordea el camino principal de esta zona. La ruta F-30-E.

Pero, cuando inicié la travesía, retornando a Valparaíso, preferí pasar por el centro de Ventanas (Ventanas bajo), para comprar una bebida para el camino de más de cincuenta kilómetros que me esperaba. Ya era más tarde de lo que hubiera deseado, no me gusta realizar ningún viaje de noche, no porque esté de noche en sí, sino por el hecho de que ello implica un cansancio acumulado del trajín del día. El caso es que, ya estaba oscureciendo y yo, obviamente, parecía árbol navideño con tanta luz que monto en la compañera de ruta como en el casco y en los tobillos. Y eso es un ejercicio que todas las agrupaciones de ciclismo y cualquier ser humano consciente de las condiciones viales debe alentar a la precaución. Considerando que gran cantidad de conductores, cansados o distraídos, a la hora que sea, han atropellado a una gran cantidad de ciclistas, producto de lo poco visibles que algunos han sido en dichos casos, tanto por luces, ropa, etc. Supongo que por ello el carabinero de turno en el cruce “La greda” se quedó mirándome. El tema es que, revisando mentalmente la ruta, me prendé de la panorámica a la que los habitantes de dicho sector costero ya se han acostumbrado. Primero pensé en lo hermosa que es la bahía de Quintero que desde la Playa negra de Ventanas se puede ver.
¿Playa negra?
Algo no me cuadra. Y es que desde que tengo uso de memoria, de las veces que he pasado por la playa de Ventanas, siempre hay algo en el aire que me molesta. Ingenuamente lo vinculé por muchos años a que la playa en sí misma era fea. Percepción, ahora que lo pienso bien, bastante errada. Pero hoy acabo de encontrarme en redes sociales con una noticia que me explica bastante la extrañeza que embargó mi pasar por esa zona turística de la región.

“Un nuevo varamiento de carbón se registró la mañana del viernes en la playa de Ventanas, hecho que se sumó a los otros tres ocurridos esta semana de manera consecutiva... Según comentó el gobernador marítimo, Juan Gajardo, se está realizando una investigación para determinar la procedencia de este mineral”[1].

Pero me urge la pregunta, entonces, por qué tengo en la memoria esto de que la playa de ventanas es negra y fea. Parece ser una de las interrogantes a resolver en el desarrollo de las rodadas.
Mientras tanto, Panchito[2], mi amigo mecánico, desarma el motor de La Bestia Verde que lamentablemente, al retornar, quejábase bastante, pero que, para mi fortuna, no me dejó abandonado a mitad de camino.
Ciertamente me cuesta ser agradecido con una máquina, no obstante, las que me han servido --a mí y a mi familia -- lo han hecho de buena forma. Y creo lógico que, con cualquier suerte de objeto, para obtener el máximo de utilidad, se debe ser precavido en la mantención de ella, buscando, por ende, evitar cualquier imprevisto que dé lugar a un accidente o percance alguno.

En cuanto a lo comentado al comienzo, cuando me encontraba entre Mantagua y la entrada a Quintero iba pensando en mis ocurrencias, eso de salir a rodar en largo con un día de llovizna, bastante consistente por lo demás, pero que me hizo caer en la ocurrencia de que se trataba de lluvia acida, por lo que me picaba la cara con el agua. Pero, debe ser parte de mi imaginación, en Chile no tenemos los niveles de contaminación necesarios para que se produzca un fenómeno así. ¿O si? A lo que más adelante, ya entrando al sector de Ventanas, en el complejo industrial me encontré con aquella nefasta panorámica de los cerros de carbón, creo que es carbón, que en este minuto intentan menguar con una hilera de pinos insignes. Y unos metros más allá, un pequeño estero donde nadaba un pato, todo negro, como la canción de la Viola, negro el pato, negra el agua y negro el futuro de la gente que decidió vivir en aquella zona denominada por políticos y empresarios como zona de sacrificio. Interesante expresión que continuará siendo utilizada y comentada en lo venidero.

En cuanto a lo técnico de la travesía (me gusta la palabra “travesía” por la cercanía con la “travesura”, probablemente tenga alguna conexión lingüística por indagar). Ya han pasado un par de días y me duelen un poco las muñecas. Al parecer deberé realizar un cambio de “puños” a la máquina, bien sean “ergonómicos” o colocarle un par de cachos, con el objetivo de tener más posibilidades de sujeción al manillar. Además, llevé una alforja especial que tiene anclaje a la tija, abajo con cierre velcro y, arriba, con clips. Cumple la función de tapabarros trasero. Pero lamentablemente se movía demasiado. Generando un desgaste innecesario de energía en cuanto a la búsqueda y mantención del equilibrio de la bicicleta. Veré si puedo sujetar de mejor manera este bolso, de lo contrario tendré que ensayar en otra posibilidad.

En otro punto, cuando retornaba a Valparaíso pasé a descansar a una de las bombas bencineras cercanas a la rotonda de Concón, comía una barrita de cereal cuando un joven de unos dieciocho años aproximadamente se acercó hasta donde estaba yo. Andaba en una bicicleta que necesitaba un buen tanto de mantención y me solicitó ayuda. Me preguntó cómo se echaba aire a las ruedas y, de manera muy amable, nos dispusimos a conversar sobre su deseo de comprarse una bicicleta de descenso. A lo que le sugerí aprendiera bien a hacerle las mantenciones a la máquina que ya tenía, antes de involucrarse en otra más complicada.

Ya en la conversa con Pancho, en el taller, nos surgió la duda de si aquella bicicleta realmente era de ese joven o no, dado que no sabía si quiera como echar aire a las ruedas. Ese chiquillo andaba sin luces, y ya era de noche, ni tampoco portaba casco. La incertidumbre de ver a alguien con una buena bicicleta y sin la indumentaria mínima nos deje meditando en la posibilidad  de que la hubiese robado, posibilidad bastante real en cuanto a los parámetros morales de la sociedad donde el delito se ha arraigado en todas las esferas económicas y en la que una de las consignas que avala el delito versa sobre “si roban los ricos y poderosos, qué esperan de los pobres” asumiendo por lo mismo que todos los integrantes de la sociedad actuarían en pro de un bien individual ante la más mínima oportunidad. Ni hablar de teorías éticas en este instante donde los empresarios que han sido sancionados por el poder judicial a cursos de ética, llegan a ejercer como políticos o buscan incidir en ello bajo el influjo de sus fuerzas económicas.




[1] Rescatado de BioBioChile, (17, Agosto, 2019): “Playa de Ventanas: Cuatro días de varamiento de carbón” rescatado de https://www.instagram.com/biobiochile/
[2] Panchito, o bien Francisco V. es estudiante, en este minuto, de cuarto año de la Universidad Técnica Federico Santa María de una de las carreras de Ingeniería. Ha buscado diferentes formas de ayudar a la comunidad y una de ellas se traduce en la participación de Andes Chile ONG donde generan y desarrollan proyectos de vinculación con la ciudadanía con los espacios, la conciencia ecológica y el ciclismo como forma de vida por potenciar.

Comentarios

Bastiking dijo…
Que buena historia de vida profe y no hay nada mejor que salir un rato en la bike y la seguridad ante todo . me sorprendió cuando supuso que pancho podría a ver sido un ladrón por la sociedad, por qué al igual que pancho cuando era chico tenía una bici en lo cual era de descenso (Giant Glory) entonces me la regalaron por qué mi tío hacia descenso y se había comprado una BMX(moongose) por qué no quería seguir llendo al cerro entonces a mí me dieron la bike en "bandeja" por así decirlo y me paso lo mismo que pancho, haciéndole preguntas por así decirlo "ridículas" a las personas por Ej: para que servía algo, como regular el shock, como inflar las ruedas y todo 😁,bueno profe me gusto su historia y siga saliendo en bici que es lo mejor. . Pd: actualmente todavía tengo la bici al igual que una recreativa por así decirlo mejor la bici para comprar pan 😂😂 y igual salgo a recorrer mi comuna y sus alrededores siempre con el casquito. Att: bastian López 3ma
Muchas gracias estimado Bastiking, la idea es no quedarse en la zona de confort y aventurarse a conocer, aprender, reflexionar y por sobretodo a intentar ser un aporte. Lo que sí, con Pachito somos amigos, y con él, hablabamos de otro joven, el que conocí en la bomba bencinera. Pero ya seguiré narrando otras peripecias. Mientras tanto lo invito a seguir leyendo mi blog y, por qué no, inicie su propio proyecto.
Un abrazo!
Agustín G. dijo…
Me alegra bastante saber que está en serio viviendo su vida de tal manera que le haga feliz y que tenga anécdotas recordables y entretenidas de leer. Usted me hace recordar mucho a una vocecilla en mi cabeza que a cada rato me pregunta que si repetiría eternamente lo que estoy haciendo, siento que en el caso de que usted tenga esa voz en la cabeza usted estaría orgulloso de responder que sí
¿Repetir las cosas? puede ser un par de veces, pero ¿eternizar las vivencias en el eterno retorno cual loop interminable? Me parece más bien un castigo. Creo que la idea de vivir es precisamente arriesgarse a cosas nuevas con aquel nudo en la boca del estómago que hace que la experiencia sea siempre inigualable. La idea es no extraviarse en la experiencia, sino como ya lo mencioné, vivirla. Un abrazo grande, estimado Agustín.