Henri Bergson a través de sus obras nos da a conocer su filosofía y su punto de vista sobre algunos conceptos, como por ejemplo: durée, elan vital, intuición, evolución creadora, etc. Los cuales nos serán imprescindibles para comprender la aversión hacia la ciencia y el conocimiento positivista de la realidad y las cosas que la componen.
Considerando lo anterior, Bergson es conocido como el filósofo del tiempo, esto es por la clara subjetividad que posee el tiempo, que para algunos no existe mas que un tiempo objetivo y uniforme, siempre continuo, y que es medido por el reloj; a lo anterior Bergson contrapone su postura, la de la existencia de un tiempo verdadero, único y que no se fragmenta como en la ciencia, pues es siempre continuo; este tiempo conforma la vida interior propia, es “duración real”.
El tiempo es concebido como algo fragmentable, así también todo cuanto es medible dentro de este. De esta misma forma encontramos la descripción de las cosas que son aprehensibles por la conciencia, esto desde la ciencia, como una yuxtaposición de imágenes congeladas, algo así como en las cintas del cine, de la misma manera la realidad debe ser congelada y etiquetada para poder ser estudiada como algo estático y fragmentado. No obstante a esto, Bergson advierte que la aprehensión de las cosas en la realidad por la conciencia no se da de esta manera, sino que el tiempo no se puede fragmentar, ni congelar, en cierto sentido posee libertad y antonomasia.
Este tiempo, renombrado como durée es como Zubiri dirá,” una sucesión cualitativa y no numérica”[1], esto por la definición aristotélica de tiempo, “el tiempo es el número del movimiento según el antes y el después”[2], esta nueva denominación está enriquecida con un sin fin de explicaciones. “es la durée una realidad pura, la vida pura, donde la conciencia no posee las mismas dimensiones espacio-temporales que la ciencia”[3].
Ahora, intuir la durée es conocer ya el modo propio de ser de cada cosa, pues si es posible predicar algo de las cosas es que son, y dentro de su ser, duran, así, la durée no será algo incualificado, sino perfectamente cualificada en cada cosa.
Todas las cosas son en una cierta durée, y en esto encontramos una especie de tensión interna que constituye su propio modo de ser de cada cosa en cuanto a sí misma y en cuanto a lo que la conoce, pues en la intuición de nuestra propia durée, nos está dada la durée de las cosas, y por esto nuestra propia durée nos sumerge por simpatía en la durée de ellas.
Más, la filosofía no se limita al espíritu, sino que lo abarca todo, hasta la materia misma y la manera en que esta es conocida, así comprenderemos que en la aprehensión e intuición de la realidad, lo real no está constituida por meras (simples) relaciones de unas cosas con otras, sino por esta eterna tensión de la durée, según la cual mas que cosas distintas, lo que tenemos es cualidades distintas de la durée. Así, la durée será comprendida como la interna cualidad de la realidad constitutiva del conocimiento.
Además claro, de poseer la significación de ser la manera mas extensa e intensa a la vez de comprender y aprehender las cosas de la realidad por medio del yo conciente. Es esta, no obstante, una explicación muy metafísica sobre el conocimiento, y en cierta medida lo es, ya que Bergson nos explica que el conocimiento no solo se da por medio del intelecto, sino que el Hombre ha dejado de lado la otra forma de aprehensión, una no analítica, ni mediata, sino un conocimiento directo e inmediato, algo místico, un conocimiento por intuición. Una forma de mirar en trescientos sesenta grados, y de ser parte de las cosas que nos rodean a la vez. Es cierta disposición del hombre a despertar su lado animal, el que en el hombre racional cada vez duerme más y más.
Por esto, es necesario recordar que según el autor en cuestión, el Hombre no está fuera de las cosas, sino que es él quien por un acto primario quien está dentro de las cosas y este acto primario es el intuir, el estar dentro de, como una primera y mas directa forma de conocer. Por esto mismo el acto radical de la filosofía, proviene del gran órgano mental para filosofar que es la intuición.
La intuición no es método exclusivo para la filosofía, pero es para Bergson su método específico y más importante.
Bergson llama intuitiva a la aprehensión inmediata, es decir, a la aprehensión de las cosas por vía directa. En la intuición hay una especie de simpatía no solo con los hombres, sino que también con las cosas. Esta simpatía es una actividad propia del espíritu para con las cosas, por lo que, según Bergson, debemos de desprendernos de toda idea preconcebida, para dar lugar a la misma intuición. Más aun, la intuición no recae sobre las cosas, sino sobre su durée, por lo cual la intuición es tomada como experiencia de la realidad pura.
La intuición es un solo acto, pero un acto de esfuerzo que consiste en un continuo despliegue y repliegue del espíritu para con las cosas.
La intuición nos sumerge en el modo mismo de ser de las cosas, esto es, en lo absoluto de ellas, tanto ellas como nosotros formamos parte de una misma identidad universal, por tanto nos conocemos como las partes de un refractario, donde el todo se refleja en cada una de sus partes. Es esta relación que existe entre nosotros y las cosas, una relación de absolutos y no de conocimiento relativo, por que en lugar de desligarnos de las cosas, cada vez nos adentramos más y más, tanto como nosotros en ellas, como ellas en nosotros.
De todo lo anterior podemos decir que Henri Bergson “nos da a la vez una nueva concepción del espíritu y, también, de la materia.”[4]
Esto último es desarrollado por medio de las palabras evolución y elan vital. En sus obras Bergson nos expone como la misma evolución, término que se popularizó con Darwin y Spencer, es también un elan, esta última muchos comentaristas la abordan como impulso y hace referencia la misma vida.
Es más, por medio de la intuición de todas las cosas, nuestro espíritu crece, se vuelve más perfecto, no así la materia, esta por más y más experiencias, se degenera, lo cual está totalmente en contra de lo que los científicos empiristas afirmaban, la evolución y perfección de la materia, por esto Bergson contesta con que la vida misma es un cierto impulso, un elan. Pero este elan no es una transformación, sino una invención en cada una de sus fases, esto es, una evolución creadora de algo nuevo, imprevisible por no hallarse contenido en la fase anterior. Y esto no solo que concierne al espíritu, sino por lo que se refiere a la vida en general.
La evolución de la vida es al final, la invención de un sencillo gesto de elan vital en el seno de la materia. La evolución es innovación. Es el elan que se va abriendo paso a través de la materia.
El elan innovador, la evolución, es algo inmediatamente aprehendido en la intuición, para la intuición vivir es tener este elan, es crear, es inventar. De invención en invención, la vida humana innova hasta culminar en la inteligencia. Con ello se constituye el hombre. El hombre así nacido tiene que ascender ante su propia vida, es como dirá Bergson, el homo faver. Pero retrotraído a la raíz primaria de una conciencia en la intuición, se torna homo sapiens.
Esta es la casi totalidad de la realidad para Bergson, no obstante, el autor fija su atención al homo loquax, quien expresa su condición de “animal social”, así interpreta lo conocido como instinto gregario.
A pesar de ello, es el homo sapiens quien por medio del elan ascensional logra llegar a la eterna raíz de lo espiritual, el mismo Bergson y zubiri lo repiten, Dios.
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