El Lenguaje, la estructura del Logos Apofanticós

Rodrigo Paineman Ojeda

La semiótica es la ciencia que trata de los sistemas de comunicación dentro de las sociedades humanas.

Para comenzar a hablar de esta, y respecto de lo estudiado, me he de basar en “El Sofista”, dialogo de Platón, en el cual la prioridad es la búsqueda de cómo atrapar al sofista en sus argumentos y desenmascararlo. En esta búsqueda nos encontraremos con la definición del “pescador con caña”, método necesario para lograr una definición exacta de este.

Luego, ha de encontrarse la problemática acerca del Ser y el No – Ser, donde se hace imprescindible, como nos lo expresa el extranjero de Elea, cometer un parricidio y confrontarse a la doctrina de Parménides, “…para defendernos, debemos poner a prueba el argumento del padre Parménides y obligar, a lo que no es, a que sea en cierto modo, y, recíprocamente, a lo que es, a que en cierto modo no sea”.

A modo de comentario, Heidegger dirá que “el lenguaje es la casa del Ser”.

Sin embargo, existe en el lenguaje, al igual que como esta expuesto en este dialogo, y también el “Kratilos”, el problema del nombre.

Cuál habrá de ser la forma más exacta de abordar la existencia del nombre dentro de la frase, respecto de si dice algo o no, junto a la aplicación del verbo y su veracidad o falsedad, en cuanto a los entes y las cosas a las que se refiere su decir.

Primero que todo, es necesario considerar que una proposición puede ser verdadera o falsa, esto, es claramente dependiente de si lo que afirma el verbo es verdadero en la sustancia a la cual hace mención, de no ser así, esta afirmación será falsa.

Pero, antes de hablar del verbo, se debe comenzar por el nombre. En el kratilos la referencia directa es, primero, si el nombre es por naturaleza o por convención, la raíz y origen de este, y cuál es su significación.

Para el nombre es necesario recordar el siguiente cuestionamiento, que por lo demás posee siglos en la palestra, y está planteado de la siguiente manera: ¿Si el nombre es nombre de algo, se da ese algo de distinta forma al nombre y encontramos al nombre por un lado y al objeto por otro?

Si se da así, de esta manera se pierde la unidad de los entes, multiplicando su existencia. A lo anterior podemos contraponer la argumentación de que el nombre es sólo un signo, y su significado el objeto, que es dueño de este nombre también. Pero, ¿es el nombre una designación por naturaleza justa o, en cierta medida, se le puede considerar azarosa? Respecto de esto, que sí es un detalle relevante, pequeño pero relevante, dentro de la estructura de las proposiciones, Sócrates nos pone en la duda de si son por naturaleza azarosa o por convención de los hombres, dejando en claro que antes de ponernos de acuerdo en la naturaleza del nombre, es preciso aprender y buscar las cosas partiendo desde ellas mismas, aceptándolas tal cual son y valorándolas en cuanto son (aquí cosa posee el mismo sentido, tanto para mesa como para Pedro).

Platón señaló que el lenguaje es un acto para comunicar algo a otro. En este acto, nos encontramos con el problema de la falsedad y la verdad. Así también, es señalado en el Cratílo, cómo la verdad y la falsedad, de alguna manera, se necesitan mutuamente, expresado de otra forma, Hermógenes sostiene que el lenguaje es significativo por convención, esto quiere decir al final que, cada uno puede nombrar como se estime conveniente y estaría a la larga bien, lo cual quiere decir que toda denominación es correcta. Pero en este caso no habría relación alguna entre los signos y sus significados, ya que si toda denominación es correcta, no hay espacio para la falsedad, y si no hay espacio para la falsedad, tampoco lo hay para la verdad. Esta tesis es, según Sócrates, insostenible.

Para todos los efectos, es necesario esclarecer el problema en que nos ha puesto Platón al tocar este tema, ya que a la vez, nos dejó entrever que el Ser debe ser concebido de manera predicativa, por el hecho de ser verdadero y el ”No Ser” falso, lo cual no implica que sean contradictorios, sino tan sólo diferentes.

Parménides concebía al ser como algo externo, solamente aprehendido por medio del intelecto, mediante la vía de la verdad (aleqeia) y no por medio de la opinión (doxa), por esta última sólo se llega al No-Ser.

Como ya sabemos que el ser es predicable e influye en la veracidad del discurso, es necesario saber qué otros elementos tienen influencia en el discurso. A saber, el razonamiento, que según Platón, es el dialogo interno del alma consigo misma; el pensamiento, pues es a su vez, el resultado final del razonamiento y es gracias a el que podemos dar significado a la conjunción de palabras, que por si solas no tendrían ningún sentido; y la imaginación, esta es una mezcla entre la sensación y el pensamiento. Es gracias a esta última también, la existencia de la falsedad en el dialogo.

Se puede encontrar un fragmento dentro de la mayoría de los diálogos de Platón, y este apela al fin ético de toda función social, la búsqueda de la verdad, la palabra aleqeia designa en si misma un desvelamiento, un descubrir y desenmascarar algo oculto, y proviene de una composición que denota una necesidad de acción o un esfuerzo de por medio, como así también podemos encontrar el mismo sentido al referirnos a lo conocido como logos apofantikos donde apofainw implica un mostrar algo, declarar o dar a conocer, lo que posee clara y directa relación con la aleqeia. es preciso recordar que según lo anterior, es la verdad sólo una parte de todo discurso, pues sin discursos que denoten falsedad, es imposible que existan solo los anteriores, los verdaderos.

Reflexión:

La necesidad de los contrarios, de Heráclito, se hace presente en esta demostración de sabiduría otorgada a nosotros por Platón, ya que es imposible, según se puede concluir, encontrar alguna forma de comunicación social, denomínese a esta como dialogo, que sea total y absolutamente verdadera o falsa, ya que se denota en todo esto, siempre y todo el tiempo, una necesidad mutua. Esta, no es de contrariedad o contradicción, sino sólo de diferencia, esto respecto del ser, lo mismo y lo distinto, lo quieto y no quieto; a estas, se les puede considerar como cualidades de todo lo predicable, ya que es de esta manera como Platón nos enseña a aquel Ser de Parménides, algo de lo que también se puede decir que No Es, y que, como predicable, depende de la intencionalidad de los interlocutores, respecto de si se trata de un sofista o de un filósofo, el valor que el nombre deba adquirir en el transcurso del respectivo dialogo.

Además, las nociones que se entregan para que cada uno aprenda lo que es un dialogo, dia - logos (a través de la palabra y todo cuanto le concierne), habrán de ser utilizadas posteriormente por el mismísimo Aristóteles en sus obras.

No obstante, es imprescindible rescatar la reflexión de Sócrates en el Cratilos y es que, no importa cuantos nombres puedan otorgársele a una misma cosa en diversos lugares, lo que verdaderamente es importante es aprender a conocer el valor de lo que nos rodea en cuanto a lo que es y no en cuanto a lo que parece (ontología de Parménides).

Bibliografía:

  • El Sofista, Platón. Obras Completas.
  • Cratilos. Diálogos de Platón. Ed. Ibéricas 1958, Madrid.
  • Diccionario de Griego Clásico. Vox,
  • Apuntes de Filosofía del Lenguaje, 2006.
  • Apuntes de Metafísica, 2006.

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